El origen del distrito de Kañaris pareciera ser de Ecuador. Posiblemente se trate de los mitimaes provenientes de un pueblo denominado Cañaris-Ecuador, introducidos por los Incas con el propósito de controlar militarmente la región norteña, que fue rebelde a incorporarse a la cultura incaica. Las informaciones generales, que nos presenta el estudioso Lambayecano Pedro Alva pareciera tener esa orientación; afirma, que recién “a fines del siglo XV, con los gobiernos de Túpac Inca Yupanqui y Huayna Cápac, la región nor-andina fue incorporada al Imperio de los Incas. De tal dominio se tiene evidencias por las ruinas de Huancabamba, convertidos en el centro de dominación del área y cuya influencia abarcó probablemente la región de Kañaris. Aunque en Kañaris no se reporta por ahora, grandes vestigios de culturas prehispánicas, sabemos de algunas muestras en el caserío de Mollepampa en el que existían un corralón de piedras en las faldas del cerro Mesía...".
Actualmente, en Kañaris existen dos comunidades campesinas: una denominada San Juan que tiene su sede en el pueblo de Kañaris, capital del distrito, la comunidad matriz, de esta surge durante la reforma agraria en 1970 la comunidad Tupac Amaru que se localiza al oeste del distrito, cuya sede es el centro poblado de Chiniama. Se podría decir que la comunidad campesina de San Juan viene de la Colonia, es la comunidad campesina madre, localizada en la vertiente oriental, teniendo como sede, el pueblo de Kañaris, y la comunidad campesina de Túpac AmaruI, localizada en la vertiente occidental, teniendo como sede a Chiniama. Esta divisiòn, según los informantes, obedeció mayoramente a criterios geográficos e intercomunicaciones entre los pueblos de la sede Kañaris, y los de Chiniama; su geogradía accidentada es la principal limitante para la vinculación entre una y otra comunidadad; ya que carecen de vias de comunicación apropiadas que los vincule.
Susana Aldana Rivera, investigadora social de la Universidad Nacional de San Marcos, en el estudio denominado "Lambayeque y el norte peruano en
un contexto mundializado" indica algunas pinceladas a cerca de la historia andina de lambayeque: "....Pero si de vinculaciones costa-sierra se trata, Lambayeque tiene una peculiaridad única. Cuando se le constituyó como departamento, se le incorporó parte
de la serranía que previamente había pertenecido a Piura y ese territorio cuyas
ciudades, más importantes son Incahuasi y Cañaris, es el único de la serranía
norteña peruana donde todavía se encuentra una importante población
quechuahablante. No se sabe casi nada sobre sus antecedentes históricos aunque
los vestigios arqueológicos que se encuentran sugieren una antigua presencia
humana en la región pero todavía no se han realizado trabajos de investigación
significativos en los archivos o en el campo. La variante del quechua que
subsiste es probablemente un residuo de lo que se hablaba en una zona continua
que se extendía de Cajamarca a la sierra ecuatoriana y en donde se mezclaba la
antigua lengua general colonial y hablas locales. Gracias a la publicación de un
documento sobre la fundación de Incahuasi (Lorenzo Huertas Vallejo (1996)), se sabe que en 1648 indígenas
procedentes de las comunidades de Penachí y Cañaris, por su propia iniciativa,
establecieron la base de un pueblo en las jalcas de «Ingaguasi» (Incahuasi),
dando inicio a la construcción de una iglesia. Este hecho fue poco apreciado por
los dueños de las haciendas vecinas: Sangana, Janque y Canchachalá.
Pero Incahuasi estuvo conformado por cofradías y dependía directamente
de la iglesia lo cual impidió que durante la época republicana y a pesar de estar
sumamente aislado del resto del estado peruano, fuera sometido por las haciendas
en su proceso de conversión en latifundios, y se mantuviera autónomo. Sin
embargo, como se dijo antes, el proceso de encerramiento de la sierra potenció
el resurgimiento de estructuras sociales de muy antiguo cuño, prácticamente
semifeudales, que si tuvieron repercusión en dicho espacio serrano lambayecano
pues los hacendados trataban a los indígenas casi como siervos sin permitirles
siquiera tener una escuela. En la costa, había poco interés por esta región de tan
difícil acceso y se convirtió en un mundo aparte de la realidad regional hasta la
reforma agraria de Velasco Alvarado. De allí, que la supervivencia del quechua
puede atribuirse al aislamiento forzado del área.
La construcción reciente de carreteras ha quebrado este aislamiento y una
de las consecuencias de ello es una mayor visibilidad de la población indígena en
la costa. Sobre todo hacia el primer punto de salida, la capital provincial, Ferreñafe,
donde hay una inmigración importante de Incahuasi, físicamente asentada al
otro lado del canal que cruza los límites de la ciudad. Pero también hay migración
hacia la capital departamental, Chiclayo. Hoy se puede observar cambios
significativos de mentalidad: si, antes, el serrano quechuahablante, al llegar a la
costa, se esforzaba por no hacerse notar, ahora, se conoce mejor la existencia de
la serranía lambayecana con sus especificidades culturales gracias a los programas
de educación bilingüe oficiales (en realidad, poco productivos) y a la introducción
de la especialización de la Educación Bilingüe Intercultural en los Institutos
Pedagógicos Superiores –que atraen a centenares de alumnos, mayormente
costeños e hispanohablantes–.
Sin embargo, la convicción de que Lambayeque es una región costeña y que
su mayor momento de gloria (la civilización mochica) se produjo en la costa aún
perdura. En una revista cultural universitaria de publicación reciente, un artículo
que trata del Perú multicultural y plurilingüe, al referirse al departamento de
Lambayeque, reivindicó el idioma mochica (que ya no habla nadie)9 y ni siquiera
mencionó el quechua que predomina en la serranía de la provincia de Ferreñafe, único idioma indígena sobreviviente en el departamento.
La región Lambayeque que aparentemente es sencilla de percibir resulta
eminentemente compleja de comprender. En el imaginario regional y nacional es
un espacio costeño, que rechaza a la gente de la sierra. Gente que, sin embargo,
desde siempre ha sido la cantera de mano de obra para la producción agrícola.
Una población que si bien mayoritariamente habla castellano, cuenta en su haber
con grupos humanos quechuahablantes que son doblemente marginados, por los
costeños y por los serranos, por hablar una lengua nativa y que recién comienzan
a abrirse a la región no por la voluntad estatal de comunicar todo el espacio
nacional sino por las oportunidades económicas que su medio ofrece, fundamentalmente
minería....."